A sus cuarenta y cinco años de vida, el zaragozano Pablo Torralba Mora, invidente desde los treinta, acaba de experimentar su debut diabético. Si a lo largo del último tercio de su existencia ha podido descubrir que el bastón es libertad, en su nueva circunstancia y viviendo solo, la cuestión del medidor de glucosa no es para nada un asunto menor...
Tanto la madre como la hermana de Pablo son diabéticas y ello ha contribuido a que se encontrara suficientemente familiarizado con los habituales dispositivos de medición de la glucemia. Cuando le llegó su debut diabético, hace unos pocos meses, con el consiguiente ingreso en urgencias, Pablo decidió no renunciar a vivir solo. Los médicos del Hospital Royo Villanova tenían un problema: no conocían bien a Pablo.
